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Pocos oficios son más duros que el de escribir. Requiere arte y capacidad para el esfuerzo continuado. La técnica, al menos en su teoría, se puede aprender, pero el ejercicio constante de la voluntad ya es otro cantar. Vivimos tiempos de ocio y pocos dados al trabajo. A lo mejor es que nuestra cultura occidental está dando un giro etimológico y el trabajo vuelve a ser una tortura...
Esto viene a cuento de que lo importante en las actividades no es tanto iniciarlas como perseverar en ellas; y esto requiere más voluntad que teorías.
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